Apple prepara unas gafas con IA y unos AirPods con cámara para que Siri tenga ojos
por Manuel NaranjoApple pone la vista en la siguiente ola de wearables con IA. No hablamos de un reloj con más sensores, sino de dispositivos que quieren entender lo que estás mirando, lo que estás oyendo y lo que necesitas, sin obligarte a sacar el móvil del bolsillo cada dos por tres.
Los rumores apuntan a un trío muy concreto: unas gafas inteligentes propias, unos AirPods con cámaras pensadas para contexto y un accesorio tipo pin o colgante que funcionaría como interfaz de IA. El enfoque, en lugar de sustituir al teléfono, sería convertirlo en el cerebro que coordina todo, mientras los nuevos cacharros ponen los ojos y los oídos.
Un trío de dispositivos con una idea común
La pista más llamativa es la de unas gafas con IA diseñadas internamente. El planteamiento sería competir en el territorio de las gafas que responden a preguntas sobre lo que tienes delante, pero con una apuesta clara por el acabado, la ergonomía y una experiencia que no parezca un experimento a medio cocer. También se habla de varias tallas y colores, algo que encaja con una categoría donde el ajuste en la cara y la estética importan tanto como el software.
A ese dispositivo se sumarían unos AirPods con cámaras. Aquí la palabra clave no es fotografía, sino contexto: cámaras de menor resolución para identificar objetos, leer señales visuales básicas o aportar información ambiental a Siri, con micrófonos para hablarle de forma natural. La idea es que el auricular te asista sin convertirte en el típico turista que graba todo, sino en alguien que hace una consulta puntual y sigue caminando.
El tercer elemento sería un pin o colgante con IA. Este formato ya ha pasado por su propia resaca de expectativas, con productos que prometían reemplazar al móvil y acabaron estrellándose por diseño y por concepto. Aquí el matiz es importante: lo que se comenta es un accesorio que no pretende destronar al iPhone, sino recortar la fricción de tareas pequeñas, como pedir una indicación o entender lo que estás viendo.
Gafas propias y cámaras dobles, el detalle que lo cambia todo
En el caso de las gafas, se menciona una arquitectura de cámara más ambiciosa: una cámara de alta resolución capaz de capturar fotos y vídeo, y una segunda cámara orientada a aportar información visual a Siri y contexto del entorno. Traducido a la vida real, esto apunta a un asistente que podría describir lo que hay en una estantería, diferenciar un modelo de producto o guiarte en un sitio desconocido con referencias visuales, no solo con mapas.
El movimiento también dice algo sobre tiempos y paciencia. El mercado de las gafas inteligentes suele castigar los lanzamientos con prisas, porque la gente no perdona un dispositivo incómodo o una autonomía ridícula. Por eso, la obsesión por la calidad de construcción que se comenta suena más a una jugada calculada que a una demo para ferias: si el objetivo es llevarlas todo el día, tienen que sentirse como unas gafas de verdad, no como un prototipo con bisagras que crujen.
Un pin que no quiere ser protagonista, sino atajo

El debate sobre el pin es el más delicado por la sombra de los fracasos recientes en este formato. La diferencia, según lo que se describe, es que aquí no habría un intento de sustituir pantalla y apps por proyecciones raras o interfaces que obligan a reaprenderlo todo. En su lugar, el accesorio funcionaría como una forma rápida de hablar con Siri y pedir información, con la posibilidad de incluir altavoz, aunque eso todavía no estaría cerrado.
Si este enfoque se confirma, el pin tendría más sentido como un botón físico con intención, un disparador de consultas y acciones que evita sacar el iPhone. Eso encaja con un escenario en el que el teléfono sigue siendo el hub: tú preguntas, el sistema entiende el contexto gracias a cámaras y micrófonos, y la respuesta vuelve al oído o a una notificación.
El calendario que se sugiere
En el trasfondo aparece una fecha que se repite: 2027 como ventana en la que podrían verse las primeras pistas de estos dispositivos. Si se cumple, sería una señal clara de que la compañía quiere entrar cuando el público ya ha visto suficientes intentos de gafas y pins como para tener expectativas realistas. Y en tecnología, eso suele ser medio camino ganado: menos promesas grandilocuentes, más producto que se sostiene en la calle.
En paralelo, el reto no será solo técnico. Un wearable con cámara vive bajo lupa por privacidad, así que cualquier propuesta tendrá que dejar claro cuándo graba, cuándo solo interpreta y cómo se controla.
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